“Expira”: animalidad que te mata.

por Leopoldo Laborde. 

junio 2018.

Surgió la oportunidad de hacer una película de terror comercial. Pero justo no hay nada más aterrador creativamente que “el terror comercial”: sustos baratos, historias obviotas; personajes, situaciones e imágenes adivinables —diablos o fantasmas encabronados, malandros que se arrepienten en el tercer acto, posesas que siempre enrollan la lengua y dicen lo mismo, gore sin imaginación, desnudos mal hechotes, vueltas de tuerca de vahído... Pero, para qué le hago: el Terror es el género que más me gusta filmar. El Terror es el estilo más jugoso en términos de recursos cinematográficos: todo tu lienzo está listo para tonos grises visuales y narrativos, actuaciones al límite, situaciones ingeniosas para montaje escénico, encuadres angulosos, atmósferas asfixiantes, diseño de sonido demencial, edición multicromática; Al principio, me negué. Y duré así como diez segundos. Porque, aunque cinematográficamente el género es interesantísimo, el Terror sólo te deja contar dos historias. Y es que los dos “pet projects” que llevamos 14 años esperando filmar son precisamente de Terror, y ahora el hacer una “película de terror comercial” me entumía: encontrar una historia interesante sería de plano imposible. Ésos dos “pet projects” me secaron el seso y nomás no le hallaba una propuesta que valiera la pena. Porque hacer “cine comercial” exige también un nivel de propuestas que aguanten la gastada, caray —del inversionista y del respetabilísimo público. Quedamos que en el Terror, pues, sólo hay dos historias: “el monstruo renacido”, o “el monstruo fabricado”: “Drácula” o “Frankenstein”, “El Exorcista” o “Alien, el octavo pasajero”, “Pazuzu/Regan MacNeil” o “Carrie White”, “Satanic (Amityville)” o “Poltergeist:Juegos Diabólicos”, “Pinhead/Freddy Krueger” o “Michael Myers/Jason Vorhees”, “La Bruja” o “El Legado del Diablo”... 

Y los “pet projects”, cada uno trataba de ambos tópicos: “Proyecto 1: el monstruo renacido”, “Proyecto 2: el monstruo fabricado”. ¿Qué cuento saldría yo a narrar ahora? Ya se me habían acabado “las dos historias”. ¿Nos iríamos pues por los subgéneros? ¿Hacíamos una de fantasmitas...? ¿Una exorcizada, un secuestrador que se vuelve loco...? ¿Otro nauseabundo found-footage? (...) La producción ha sido un dolor de cabeza. Pero el hambre por hacer Cine en nuestro país rebasa cualquier obstáculo: todos los involucrados estamos sacando la película con nuestra hambre. Hoy estamos aún en rodaje; no he visto la película frente a mis ojos, pero lo que he visto y sumado con lo que hay en mi “pantalla mental”, me hacen sacar una sonrisa chueca... Tan chueca como las pesadillas y malestares que, a fin de cuentas, son los que nos hacen poner en pantalla y bajo el sello de “película de terror” las situaciones más terribles, tortuosas e infernales a las que, aunque uno no quiere (y creo que “no debe”) tomárselas en serio, representan —y de hecho, surgen de— un lado oscuro y pútrido de los humanos, quienes nos la pasamos sufriendo porque nos suele rebasar nuestra animalidad ante una falsa y enclenque —por adoctrinable y autocomplaciente— espiritualidad.

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